Psoas & Yoga

Hay quienes empezamos a practicar yoga más por una necesidad psicológica que física.

Partir desde ese punto hace que la relación con esta disciplina sea una historia a largo plazo, un vínculo muy intenso con uno mismo que va más allá de sentirse a gusto en el cuerpo que tenemos.

Hay días en los que todo se remueve y no puedo dejar de llorar en la relajación final y otros, en los que tengo mucho cabreo y en los saludos al sol busco el máximo rendimiento de mí misma sacando esa rabia que dentro no sirve para nada.

El Yoga nos permite entender nuestro cuerpo en su totalidad, desde todos los prismas. Ese auto-conocimiento hace que luego, en nuestro día a día, podamos aplicar muchísimas herramientas que hemos ido aprendiendo en la practica de Yoga.

Para empezar, nosotras no somos quiénes para explicar con detalles científicos la estructura y anatomía del cuerpo pero a dónde quiero llegar es al valor del Psoas, un tejido muy profundo que es denominado bio-inteligente dado que trabajar sobre el hace que se suelten muchos bloqueos y liberar así emociones tratando de escuchar lo que nuestro cuerpo quiere decirnos.

Libro: la Anatomia del Yoga, es muy buen recurso si queréis profundizar un poco más en los aspectos físicos de la practicas de Yoga.

Explica al detalle todas las posturas además de profundizar en aspectos como la respiración o todos los músculos implicados en cada movimiento. 

Partiendo de esa base, hemos seleccionado varias posturas que nos van a permitir trabajar sobre el psoas sin olvidarnos de la importancia de estar muy presentes en cada una de ellas.

Natarajasana – Rey de los bailarines

Virabhadrasana I – El Guerrero I

Utthita Parsvakonasa – Ángulo lateral extendido

Utthita Trikonasana – Triángulo Extendido

Supta Virasana – Héroe tendido

Ustrasana – Camello

Eka Pada Rajakapotasana – Paloma Regia con una pierna

Urdhva Mukha Svanasana – Perro mirando hacia arriba

Estrés & Yoga

Llevamos un tiempo escuchando cómo el estrés se ha convertido en la causa de todos nuestros males. En mi caso, dicho estrés lo canalizo a través de dolores de tripa, caída de pelo, insomnio…y parece que los médicos (he ido a muchos) solo me lo han podido justificar con una causa: el estrés.

Hemos pasado a demonizar el concepto de estres sin ni siquiera pararnos a pensar en cómo se genera y cómo afecta a nuestro día a día. Olvidarnos que como bien ha dicho muchas veces mi amiga Beatriz Moliz, “cierto grado de estrés es necesario para sentirnos motivados, fuertes y llevar a la consecución de nuestros objetivos“.

Para analizar el estrés tenemos que pararnos e entender qué es el cortisol: simplificando muchísimo, se trata de una hormona controlada por el hipotálamo que se libera en respuesta de situaciones que nos alteran nuestro estado natural.

Si no tenemos controlados nuestros niveles de cortisol tendemos a estar fatigados, apáticos y se debilita nuestro sistema inmunológico. El problema se puede agravar cuando pasa de ser algo puntual a convertirse en una situación recurrente.

Un aumento en el cortisol provoca la liberación de aminoácidos de los músculos, glucosa desde el hígado, y ácidos grasos en el torrente sanguíneo para que el cuerpo puede tener acceso a una enorme cantidad de energía en poco tiempo. Una vez liberado el cortisol, este se encarga de la descarga de glucosa en sangre.

La glucosa genera una gran cantidad de energía en los músculos, los cuales pueden moverse con mayor rapidez y ofrecer una respuesta al estímulo mucho más inmediata.

Para nosotras, aunque estamos aún muy lejos de afirmar que somos capaces de controlar el estrés, hay varios factores que son claves por los que empezar a trabajar:

marie bretin

ALIMENTACIÓN

No solo se trata de comer de manera tranquila, masticando bien, despacio y disfrutando de ese momento si no que es también muy importante el tipo de alimentos que consumimos. Debemos priorizar en vegetales y evitar todos aquellos estimulantes como la cafeína que acaban favoreciendo el que vayamos acelerados y en consecuencia nuestro nivel de estrés empeore.

DORMIR

El descanso es determinante. si no dormimos bien y por ende no descansamos, es probable que todo nuestro día nos cueste afrontarlo igual que si estuviésemos descansados y con las pilas cargadas. Dormir es vital para que nuestra cabecita pensante pueda trabajar sin que nosotros la molestamos.

YOGA

Tienes en tu mano muchas herramientas para enfrentarte a diferentes situaciones.

Uno de los muchos beneficios de la práctica de Yoga es el impacto que tiene en nuestro sistema nervioso. En el día a día acumulamos mucha tensión muscular que si no somos conscientes de ello, puede pasarnos factura.

A través de la práctica, trabajamos con la respiración, fortalecemos cuerpo-mente y oxigenamos el cuerpo. Este estímulo nos permite liberar endorfinas y aplacar el pico de estrés latente.

Hay muchos estilos de yoga que se pueden adaptar a nuestras necesidades pero creo que es más importante encontrar las posturas que para ti tienen esos efectos que el mero hecho de ponerle un nombre y unos apellidos.

La respiración es punto clave sobre el que tenemos que trabajar. A través de diferentes flujos y asanas darle al cuerpo, a través de la respiración, otro foco sobre el que fijarse y lograr poder activar el sistema parasimpático. El sistema nervioso parasimpático aparece una vez el cuerpo siente que ha pasado el estado de alerta que lo ha tenido en tensión y que estaba generando un alto gasto energético.

Hay muchas posturas que pueden ayudarnos a relajarnos al igual que hay muchas otras que tienen la capacidad de activarnos.

Hemos seleccionado las posturas que nosotras solemos realizar cuando necesitamos despejarnos aunque insistimos que esto es algo muy personal y que depende de cada persona.

Rachel Victoria Hillis
  • Las flexiones hacia delante: nos permiten estirar la columna a la vez que sientes como te rindes al propio peso del cuerpo. Es como si por la propia inercia te dejase caer dejando que la respiración fluya y la mente se calme. Estas posturas tienen un potente efecto energético sobre nuestro cuerpo además de fortalecer y dinamizar nuestro cuerpo.
  • Apertura de caderas: aquí acumulamos gran parte de la tensión y emociones. Todas aquellas posturas en las que se trabaja sutilmente la apertura de caderas son muy relajantes. Necesitamos sostenerlas durante más tiempo para que el propio cuerpo vaya rindiéndose lentamente y reducir así la fatiga muscular después de largas jornadas sentados.
  • Curvatura de la espalda: has ciertas posturas, como Balasana, que nos permiten mantener la columna vertebral sin curvaturas como cuando eramos unos bebes. Así la musculatura pueda descansar o servirnos de contrapostura en determinadas asanas que pueden resentir nuestra columna. En otras posturas, como Bitalasana y Marjaryasana, también podéis probar a jugar a los contrastes en de la columna y darle movilidad a la espina dorsal.
  • Torsiones: podemos realizar torsiones de pie, sentados o tumbados y encontrar en ellas nuestro gran aliado pero debemos tener en cuenta realizarlas con precaución. Con las torsiones, se consigue dar al cuerpo un masaje interno y reducir tensiones. Estas posturas nos permiten oxigenar los tejidos a través del flujo sanguíneo, estiran los músculos y nos volvemos más ligeros. A nivel emocional, se trabajan puntos donde guardamos muchas emociones “ocultas” y trabajar sobre ellas de manera sutil y amable nos ayudará a ir disolviendo ciertos conflictos emocionales.

Os compartimos una secuencia de referencia:

Uttanasana

Prasarita Padottanasana

Supta Baddha Konasana

Balasana

Viparita Karani

Bitilasana y Marjaryasana

Setu Bandha Sarvangasana

Ananda Balasana

Uttana Shishosana – Incluir torsión