Estrés & Yoga

Llevamos un tiempo escuchando cómo el estrés se ha convertido en la causa de todos nuestros males. En mi caso, dicho estrés lo canalizo a través de dolores de tripa, caída de pelo, insomnio…y parece que los médicos (he ido a muchos) solo me lo han podido justificar con una causa: el estrés.

Hemos pasado a demonizar el concepto de estres sin ni siquiera pararnos a pensar en cómo se genera y cómo afecta a nuestro día a día. Olvidarnos que como bien ha dicho muchas veces mi amiga Beatriz Moliz, “cierto grado de estrés es necesario para sentirnos motivados, fuertes y llevar a la consecución de nuestros objetivos“.

Para analizar el estrés tenemos que pararnos e entender qué es el cortisol: simplificando muchísimo, se trata de una hormona controlada por el hipotálamo que se libera en respuesta de situaciones que nos alteran nuestro estado natural.

Si no tenemos controlados nuestros niveles de cortisol tendemos a estar fatigados, apáticos y se debilita nuestro sistema inmunológico. El problema se puede agravar cuando pasa de ser algo puntual a convertirse en una situación recurrente.

Un aumento en el cortisol provoca la liberación de aminoácidos de los músculos, glucosa desde el hígado, y ácidos grasos en el torrente sanguíneo para que el cuerpo puede tener acceso a una enorme cantidad de energía en poco tiempo. Una vez liberado el cortisol, este se encarga de la descarga de glucosa en sangre.

La glucosa genera una gran cantidad de energía en los músculos, los cuales pueden moverse con mayor rapidez y ofrecer una respuesta al estímulo mucho más inmediata.

Para nosotras, aunque estamos aún muy lejos de afirmar que somos capaces de controlar el estrés, hay varios factores que son claves por los que empezar a trabajar:

marie bretin

ALIMENTACIÓN

No solo se trata de comer de manera tranquila, masticando bien, despacio y disfrutando de ese momento si no que es también muy importante el tipo de alimentos que consumimos. Debemos priorizar en vegetales y evitar todos aquellos estimulantes como la cafeína que acaban favoreciendo el que vayamos acelerados y en consecuencia nuestro nivel de estrés empeore.

DORMIR

El descanso es determinante. si no dormimos bien y por ende no descansamos, es probable que todo nuestro día nos cueste afrontarlo igual que si estuviésemos descansados y con las pilas cargadas. Dormir es vital para que nuestra cabecita pensante pueda trabajar sin que nosotros la molestamos.

YOGA

Tienes en tu mano muchas herramientas para enfrentarte a diferentes situaciones.

Uno de los muchos beneficios de la práctica de Yoga es el impacto que tiene en nuestro sistema nervioso. En el día a día acumulamos mucha tensión muscular que si no somos conscientes de ello, puede pasarnos factura.

A través de la práctica, trabajamos con la respiración, fortalecemos cuerpo-mente y oxigenamos el cuerpo. Este estímulo nos permite liberar endorfinas y aplacar el pico de estrés latente.

Hay muchos estilos de yoga que se pueden adaptar a nuestras necesidades pero creo que es más importante encontrar las posturas que para ti tienen esos efectos que el mero hecho de ponerle un nombre y unos apellidos.

La respiración es punto clave sobre el que tenemos que trabajar. A través de diferentes flujos y asanas darle al cuerpo, a través de la respiración, otro foco sobre el que fijarse y lograr poder activar el sistema parasimpático. El sistema nervioso parasimpático aparece una vez el cuerpo siente que ha pasado el estado de alerta que lo ha tenido en tensión y que estaba generando un alto gasto energético.

Hay muchas posturas que pueden ayudarnos a relajarnos al igual que hay muchas otras que tienen la capacidad de activarnos.

Hemos seleccionado las posturas que nosotras solemos realizar cuando necesitamos despejarnos aunque insistimos que esto es algo muy personal y que depende de cada persona.

Rachel Victoria Hillis
  • Las flexiones hacia delante: nos permiten estirar la columna a la vez que sientes como te rindes al propio peso del cuerpo. Es como si por la propia inercia te dejase caer dejando que la respiración fluya y la mente se calme. Estas posturas tienen un potente efecto energético sobre nuestro cuerpo además de fortalecer y dinamizar nuestro cuerpo.
  • Apertura de caderas: aquí acumulamos gran parte de la tensión y emociones. Todas aquellas posturas en las que se trabaja sutilmente la apertura de caderas son muy relajantes. Necesitamos sostenerlas durante más tiempo para que el propio cuerpo vaya rindiéndose lentamente y reducir así la fatiga muscular después de largas jornadas sentados.
  • Curvatura de la espalda: has ciertas posturas, como Balasana, que nos permiten mantener la columna vertebral sin curvaturas como cuando eramos unos bebes. Así la musculatura pueda descansar o servirnos de contrapostura en determinadas asanas que pueden resentir nuestra columna. En otras posturas, como Bitalasana y Marjaryasana, también podéis probar a jugar a los contrastes en de la columna y darle movilidad a la espina dorsal.
  • Torsiones: podemos realizar torsiones de pie, sentados o tumbados y encontrar en ellas nuestro gran aliado pero debemos tener en cuenta realizarlas con precaución. Con las torsiones, se consigue dar al cuerpo un masaje interno y reducir tensiones. Estas posturas nos permiten oxigenar los tejidos a través del flujo sanguíneo, estiran los músculos y nos volvemos más ligeros. A nivel emocional, se trabajan puntos donde guardamos muchas emociones “ocultas” y trabajar sobre ellas de manera sutil y amable nos ayudará a ir disolviendo ciertos conflictos emocionales.

Os compartimos una secuencia de referencia:

Uttanasana

Prasarita Padottanasana

Supta Baddha Konasana

Balasana

Viparita Karani

Bitilasana y Marjaryasana

Setu Bandha Sarvangasana

Ananda Balasana

Uttana Shishosana – Incluir torsión

Psicología corporal & Yoga

El cuerpo manifiesta continuamente numerosos conflictos emocionales que cada uno de nosotros llevamos dentro. Muchas de las posturas de yoga que más nos cuestan, en especial por comprometer la parte posterior de las piernas, suelen ser aquellas en las que hay una flexión hacia delante.

Gran parte de esa tensión viene por el acortamiento de los músculos implicados en las posturas que mantenemos durante mucho tiempo en nuestro día a día cómo es pasar largas jornadas laborales sentados en una silla. Sin embargo, también hay una parte importante en la carga emocional que llevamos y que se acaba reflejando a través de nuestro cuerpo. Hay numerosas teorías que sostienen que la parte posterior representa nuestro pasado y que ese dolor que sentimos en esos puntos es por no ser capaces de dejar ir esos recuerdos o vivencias del pasado que nos están limitando y que sostenerlos nos está impidiendo avanzar.

El yoga nos ayuda a llevar a cabo esa relación entre el cuerpo físico y la mente. El cuerpo habla y trata de expresar lo que nuestra mente quizás no sea capaz de expresar con palabras. Aunque queramos ocultar una emoción es inevitable que se acabe mostrando a través del lenguaje corporal.

Lo que nos afecta a nivel emocional tiene su reflejo en el aspecto físico. A través del lenguaje corporal podemos:

  • Entender que nos dice nuestro cuerpo. Qué está pasando a nivel emocional y como poder ser capaces de verlo.
  • Expresarnos a través de él. Gracias al lenguaje corporal tenemos la oportunidad de “decir” lo que no somos capaces de decir con las palabras.

Podemos trabajar en ambos sentidos. Intentando poner foco en la observación y la escucha activa de nuestro cuerpo y además trabajar la movilidad consciente, la fluidez y la expresión corporal buscando en ello un nuevo lenguaje que complementa el resto de lenguajes que usamos.

Con la práctica de yoga ahondamos en descubrir esos bloqueos emocionales y lograr progresivamente disolverlos para que la energía pueda llegar a fluir libremente. Esta forma de entender la práctica de yoga está muy ligada a la Terapia Gestalt donde además de trabajar los aspectos emocionales se incluyen factores como el desarrollo del potencial humano entendiéndolo como un proceso integrante dónde encontrar la armonía entre todas las partes que nos conforman.

Yoga es justo eso, poder desarrollar con las asana unas habilidades corporales que nos faciliten el desbloqueo de emociones y acaban favoreciendo la confianza y la autoestima. Me gusta la frase de “Bailamos como vivimos” ya que no deja de ser un espejo de nuestro yo más interno.

Hoy nos centraremos en el grupo muscular de los Isquiotibiales (semi-tendinoso, semi-membranoso y bíceps femoral) por ser probablemente una de las grandes batallas lidiadas por todos los que nos subimos encima de la esterilla a practicar.

Ejercicios para fortalecer y estirar tus isquiotibiales -【Javier ...

Hay muchos mitos en el mundo del yoga en relación con la flexibilidad y en este punto creo que la clave es preguntarse a uno mismo el “para qué“. Para qué quieres ser más flexible…, para qué quieres llegar a tocar con las rodillas con la frente o subirte la pierna a la cabeza?.

Cada uno debemos de hacernos a pregunta siempre que veamos que estamos avanzando en una nueva dirección. Nosotras personalmente también lidiamos diariamente con esos pensamientos, pensamientos que nunca desaparecen pero es bueno observarlos para ir entendiéndonos un poquito más.

Ser más o menos flexible quizás se deba a otros factores que estamos pasando por alto como por ejemplo el tejido conectivo (fascias) y que sin darnos cuenta, sea ese el punto que nos está generando tensión o dolor y debamos trabajar por ejemplo la liberación miofascial con masajes que vayan trabajando esos tejidos que nos están comprometiendo.

Quizás también deberíamos revisar la alineación de las posturas. Cómo colocamos las rodillas o dejamos caer el peso sobre los pies. Analizar cada postura como si estuviésemos diseccionando algo es clave para entender la complejidad de las posturas y como, con ajustes tan sutiles como desplazar el peso del cuerpo hacia los metatarsos, puedas ayudar a liberar esa tensión.

Por último, aunque sé que somos las primeras que abogamos por el uso de props, es buen momento para poner en duda su versatilidad ya que en casos concretos no todo sirve para lo mismo. Igual que usar bloques o mantas nos puede ayudar a alargar la columna, si queremos extender la parte posterior de las piernas podría ser mejor prescindir de ellos y llevar el cuerpo en otra dirección.

Quizás esa elasticidad tan deseada tenga más relación con nuestra flexibilidad mental de lo que nos pensábamos.